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¿Qué limitaciones lectoras encuentran nuestros alumnos?
La falta de concentración y una
deficiente lectura comprensiva son, según creo, los mayores problemas que
aquejan a nuestros alumnos y de ellos resulta también la incapacidad de juzgar
de modo crítico aquello que leen.
Es cierto que las nuevas
tecnologías, principalmente los smartphones,
han puesto al alcance de todos -o casi todos- la información y que las redes
sociales ofrecen, ante todo, inmediatez, pues permiten hacerse una idea, de un
simple vistazo, de noticias y novedades de nuestro círculo de intereses. Sin
embargo, la misma experiencia personal nos muestra que, las más de las veces,
ese simple vistazo no va más allá y que un titular, una historia o un tuit nos
desvían del anterior y son raras las ocasiones en que llegamos a profundizar en
aquello que en un primer momento nos llamó la atención.
Así pues, llevamos en el
bolsillo una herramienta que nos mantiene informados, es cierto, pero de un
modo superficial y, sí, también banal. Los nuevos dispositivos -electrónicos- y
las redes sociales lo han uniformizado todo. Si una noticia en papel destaca
por el tipo o tamaño de letra o el número de columnas que han decidido
dedicarle en un consejo editorial, facebook y twitter lo ofrecen todo con un
aspecto muy similar y resulta necesario que el lector discrimine.
Pero esa superficialidad y
banalización de la que antes hablaba ha mermado la capacidad de crítica, que
implica, necesariamente, lectura reposada y, por supuesto, un esfuerzo; a
saber, silencio y tiempo.
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¿Qué espacios ofrecen los nuevos formatos lectores?
Los nuevos formatos lectores
son de tipo digital y ello implica el uso de dispositivos electrónicos. Casi
todos llevamos hoy día un móvil en el bolsillo o una tableta en la mochila que
nos permiten acceder a contenidos lectores. Las mismas bibliotecas han
terminado transformándose y todas -o casi todas- incluyen mediatecas. Incluso
en centros educativos como las Universidades las salas de lectura se han
convertido, más bien, en salas wifi. Esta adaptación no tiene por qué ser mala
ni hay que resistirse a ella en virtud de una nostalgia irracional pero sí creo
que hay que intentar recuperar el papel fundamental del formato libro tradicional,
que ofrece, ante todo, la posibilidad de una lectura reposada sin más
distracciones que las que el exterior ofrece.
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¿Qué competencias lectoras debemos fomentar en nuestros alumnos?
De lo anterior resulta que las
competencias lectoras que más deberíamos trabajar con nuestros alumnos son:
1. Capacidad de concentración
2. Lectura comprensiva.
3. Actitud y juicio crítico
para con lo que se lee y su procedencia.
4. Valoración de la lectura
como divertida.
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¿Cuáles son las temáticas lectoras que motivan a nuestros alumnos?
Por reducido que sea el número
de alumnos en un aula, la experiencia nos dice que sus gustos son de lo más
variado. Sí es cierto, no obstante, que, por lo general, los adolescentes se
sienten atraídos hacia el subgénero
fantástico y buena prueba de ello es el éxito de sagas como Harry Potter, Los juegos del hambre, Percy
Jackson, las novelas de Laura Gallego o, si atendemos a la ficción
televisiva, Juego de tronos.
Asimismo, suelen mostrar
interés por historias cuyo motor narrativo es el suspense. Mis alumnos más
jóvenes de Latín suelen apreciar, por ejemplo, las historias detectivescas de
Marco Didio Falco (Lindsey Davis).
A la inversa, por más que
muchas editoriales de línea juvenil buscan atraer a los adolescentes con
narraciones basadas en la vida real, se suelen mostrar críticos con estas;
sobre todo, cuando vienen envueltas o son simple excusa para transmitir cierto
mensaje didáctico o moral. Es innegable el poder didáctico de la narrativa pero
la transmisión de un mensaje no puede ser la única finalidad de un relato.
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¿Qué oportunidades lectoras usamos como estrategias de fomento lector?
Las asignaturas que imparto
(Cultura Clásica, Latín, Griego) son de corte lingüístico y su base son los
textos, por lo que la lectura es continua y forzosa dentro y fuera del aula.
Procuro, por lo general, ilustrar los fenómenos de los que se trata con textos
que puedan resultarles atractivos, así como llamar su atención sobre otros
textos literarios que, aunque no se relacionen directamente con mis materias,
deberían conocer o podrían disfrutar. A propósito de la historia de la lengua
griega, por ejemplo, empleo un relato de ciencia ficción de John Crowley protagonizado
por Lord Byron. O para ilustrar qué es la diglosia, empleo un pasaje muy
gráfico de Yo sé por qué canta el pájaro
enjaulado de Maya Angelou.
Por otro lado, suelo proponer
pequeñas tareas de investigación a partir de clips de series o películas en los
que se hacen alusiones más o menos directas o veladas a aspectos que se
relacionan con la materia. De este modo, procuro llevarlos a la lectura a partir
de sus propios intereses. La realización -voluntaria- de estas tareas conlleva
recompensas en forma de puntos extra o pequeños obsequios. Podéis haceros una idea en este lugar.
Administro, asimismo, el blog de la biblioteca del centro, donde se anima a toda la comunidad educativa a
participar con reseñas sobre títulos de su gusto -o disgusto- y textos
creativos.
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¿Cuáles son los retos lectores que nos proponemos a nivel de centro, aula y
entorno?
Nuestro objetivo como
profesores debería ser recuperar el papel nuclear de la lectura en la educación
y, a ser posible, también en el ocio -si es que aquí lo ha tenido alguna vez-.
Creo que es el aula el espacio donde tenemos una mayor capacidad de acción y
donde podemos trabajar realmente por mejorar la lectura comprensiva -en mi caso,
por ejemplo, concedo una importancia capital al vocabulario y me gusta que mis
alumnos elaboren pequeños glosarios de términos específicos de la materia-. Los
animo, asimismo, a que participen en el blog de la Biblioteca que administro (vid. supra) y
valoro positivamente todas sus aportaciones.
Un buen reto lector a nivel de
centro podría ser el de organizar un club de lectura para los alumnos.
Con posterioridad, se podría
ampliar dicho club a toda la comunidad educativa.